Me encontré
demasiado circular
es decir,
en el idéntico círculo.
Saldré por el espiral
para nutrirme
de menos
figuritas repetidas.
En exceso espejada
en los mismos retratos.
Exagerados rojo
y marrón.
Como un gran útero la tierra se desgarra. Me concede indivisas flores abiertas del infinito - que yo comprendo en mi jardín florecido: puesto que nuestro amor se descubrió por ejemplo, una manzana una frutilla,o un plátano, maduros - . El planeta, este mendrugo de tierra aquí, frente a mi puerta, se partió.
martes, 7 de septiembre de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
Savia
No tengo miedo de mi sangre.
He olfateado, por fin,
su aroma.
Ahora, que veo por dentro,
advierto la magia.
Ahora que comprendo:
La bendigo y la entrego.
Danza de
paños preciosos,
floridos,
de algodón.
Coágulo-hijo.
Agua roja.
Suelo bendecido.
Somos: agua,
Tierra y yo.
Todas una
en comunión
de sa(bv)ias.
Doy lo que tengo,
lo que soy:
Energía roja creadora
de hijos y de flores,
de raíces y gusanos.
Con pala en mano
he dado de comer
a la tierra,
y ahora también
bebe.
Me, bebe.
Sangre-linfa
que fluye hacia afuera.
Que muere
de lo que no fue,
y se remoza
en la luna nueva.
Espero
una - otra oportunidad
de proveer vida
fuera de mi útero,
dentro del ser.
Un día no la daré
por ahí.
Será para mi hijo
de sangre y piel
de huesos y pelo.
Luego,
más luego,
será guardada
en mi cuenco.
Lactándome
de fluido
creativo.
Ser una vieja lumbrera.
Y después,
volver toda a la tierra:
Sangre, lágrimas
Y alma.
lunes, 26 de julio de 2010
¿YO - CASTA?
Y el Mito de Edipo...
El rey de Tebas, Layo, hijo de Lábdaco, acudió al oráculo de Delfos a consultar a la pitonisa sobre su destino. Contestó la divinidad con un consejo: Evita tener hijos. Si tienes alguno, matará a su padre y se casará con su madre.
Pero Layo y Yocasta engendraron un niño, al que luego decidieron dar muerte, temerosos de la maldición del oráculo. Y ordenaron a un sirviente de palacio que abandonara al niño en el bosque del Citerón, a fin de que allí lo devoraran las fieras del monte. El servidor lo dejó allí, con un pie taladrado por una fíbula de bronce. Un pastor encontró al niño abandonado y fue a entregarlo a los reyes de Corinto, que, como no tenían descendencia, lo acogieron corno a un hijo propio. El pequeño recibió el nombre de “Edipo” -que significa “pie hinchado” por la marca que dejó en él aquella herida- y creció en el palacio de Corinto como un príncipe de noble estirpe.
Y, ya adolescente, fue a consultar al oráculo del famoso santuario de Delfos sobre su destino. Y el oráculo respondió:
Matarás a tu padre y te casarás con tu madre
domingo, 25 de julio de 2010
Res (ao) nar
Crecer hacia abajo,
ser raíces gruesas.
Penetrar.
Como sea adentro
será mi copa.
No puedo recordar
quién soy
ni a qué he venido.
Sé que los pájaros
vienen a contarme
pero yo, yo,
no les entiendo.
Voy enamorándome
de ellos, pero
- a veces –
me temen.
Encantada
quedo con sus cantos.
Y su vuelo.
Les envidio que puedan
hospedarse en la cumbre
de aquel árbol.
Quisiera hacerme, entonces,
una, con los pájaros.
Pero pronto
y de repente
comprendo que soy
árbol.
No he de moverme,
sólo observarlos.
Ofrecerles mi rama
de escondite.
Y así,
desbordada de pájaros,
recibo las caricias
del viento.
Aire que mueve
a las plantas y los
duendes.
Y dejo que el sol
se marche por la tarde.
Acaso muera
y sea
ave.
viernes, 23 de julio de 2010
Altosano
![]() |
| Mujer con Pájaro - Colección Mujeres by Raquel Figueiras. |
Quiero dormirme
en este altillo de primavera
aunque afuera sea invierno.
Soltar las palabras
y que vuelvan a mi
cuando sea preciso.
Ser una con los pájaros,
rozar con
mis alas las hojas amarillas
y los frutos secos,
helados.
Deambular la noche entera
entre sueños,
y que me develen,
secretos.
Teniendo las pupilas
como las tengo,
hacia adentro.
Cada vez viendo
menos, de lejos.
miércoles, 14 de julio de 2010
Lucera
No conozco el nombre
de los pájaros
- que acuden a mi ventana –.
Y sin embargo,
ellos
dicen el mío.
Hablan un idioma
que apenas
comienzo a comprender.
Sospecho regalos
en esos árboles,
entreveo plumas en pecho
y colores
por confesar.
Apenas abrir los ojos
me trae a la conciencia
el graznido
de lo que me parecen
patos gigantes.
Todo para compartir
habitando el alma.
Sino, no me sirve
de nada.
Moro en la luz
e imagino más habitaciones
en donde
quepamos todos.
Luz que se proyecta
luz que se propaga.
Faro encendido
que multiplica.
Oigo a las ovejas
y a las cabras.
Nos dan la bienvenida:
¡Vengan todos!
¡Vengan!
de los pájaros
- que acuden a mi ventana –.
Y sin embargo,
ellos
dicen el mío.
Hablan un idioma
que apenas
comienzo a comprender.
Sospecho regalos
en esos árboles,
entreveo plumas en pecho
y colores
por confesar.
Apenas abrir los ojos
me trae a la conciencia
el graznido
de lo que me parecen
patos gigantes.
Todo para compartir
habitando el alma.
Sino, no me sirve
de nada.
Moro en la luz
e imagino más habitaciones
en donde
quepamos todos.
Luz que se proyecta
luz que se propaga.
Faro encendido
que multiplica.
Oigo a las ovejas
y a las cabras.
Nos dan la bienvenida:
¡Vengan todos!
¡Vengan!
jueves, 17 de junio de 2010
AL POEMA... por Germana Martin
Feroz tu poesía que lame mis heridas de hoy.
Palabras de agua dulce de un río rojo que nos une.
Tus garras que son alas,
tus colmillos que son perlas,
tu pelaje que aterciopela la noche.
Me sana tu poema.
Me da bríos de fiera liberada.
Y escapo con él, entre sus letras.
Me uno a tu deliciosa carrera por el bosque,
y de tu boca y de la mía, nace la misma canción:
un aullido,
un doloroso dejar partir,
una baba volcánica,
una bocanada de violetas...
Corremos hermanita,
el bosque huele fresco,
un pétalo nos guía hacia esa ronda de amigas,
mujeres de luna y sol,
mujeres de tierra agua pluma y fuego...
¡Ya estamos aquí!
¡Con ellas!
Entonces la Poesía nos abre la garganta
y juntas erizamos un grito milenario
para parirnos libres y de pie,
desnudas de temores,
diosas de corolas encendidas,
lobas de la misma manada,
mujeres untadas con flores, cielos, mieles,
hechiceras,
bien heridas.
Germana Martin
A tu poema, Ivana.
Palabras de agua dulce de un río rojo que nos une.
Tus garras que son alas,
tus colmillos que son perlas,
tu pelaje que aterciopela la noche.
Me sana tu poema.
Me da bríos de fiera liberada.
Y escapo con él, entre sus letras.
Me uno a tu deliciosa carrera por el bosque,
y de tu boca y de la mía, nace la misma canción:
un aullido,
un doloroso dejar partir,
una baba volcánica,
una bocanada de violetas...
Corremos hermanita,
el bosque huele fresco,
un pétalo nos guía hacia esa ronda de amigas,
mujeres de luna y sol,
mujeres de tierra agua pluma y fuego...
¡Ya estamos aquí!
¡Con ellas!
Entonces la Poesía nos abre la garganta
y juntas erizamos un grito milenario
para parirnos libres y de pie,
desnudas de temores,
diosas de corolas encendidas,
lobas de la misma manada,
mujeres untadas con flores, cielos, mieles,
hechiceras,
bien heridas.
Germana Martin
A tu poema, Ivana.
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